Francia, sobre todo París desde hace mucho es lugar cosmopolita por excelencia. Ahí se juntan idiomas, creencias y sobre todo razas de todo el mundo. Se supone que ahora con la modernidad y las cosas que trae Francia se ha convertido en una especie de escaparate donde se contrasta el lujo, la elegancia y lo paupérrimo, lo cultural y lo impresentable, violencia, delincuencia, odio racial, carestía de vida, lo dicho, Francia ya no es Francia ni los franceses son tan franceses como lo eran hace unas décadas después de la segunda guerra mundial.