Hablar de la música de Iorio es entrar en un terreno donde la nostalgia se mezcla con la vanguardia digital. No era solo ruido o melodías pegajosas; era una identidad sonora.
Ricardo Iorio sabía cuándo dejar que la canción respirara, usando el silencio y los cortes abruptos como un instrumento más.
Había una honestidad casi incómoda. No intentaba sonar cool o pretencioso; a menudo sus letras se sentían como mensajes de texto que nunca te atreviste a enviar. Esa falta de pretensión hacía que los oyentes (especialmente los más jóvenes) se sintieran identificados de inmediato, viendo en sus palabras un reflejo de sus propias inseguridades.
En sus letras, la patria no suele aparecer como un concepto de banderas o desfiles, sino como el lugar al que no puedes volver o el lugar que está cambiando demasiado rápido. Es una patria vinculada a la infancia, a las calles específicas y a una identidad que se siente
Si hablo más de música Nacional de mi país, el Chaqueño Palavecino es el guardián de la tradición del monte. Hablar de Oscar Esperanza Palavecino es hablar del máximo exponente del folclore del Chaco Salteño, un artista que personifica la figura del criollo con una fuerza que pocos tienen.
El Chaqueño no suena como el folclore de la ciudad. Su música está construida sobre el violín, el instrumento rey del Chaco Salteño. Es un sonido más áspero, festivo y directo. Sus chacareras y gatos invitan inmediatamente al baile de tierra, al zapateo y al grito, pura tradición argentina y gaucha.
Cambiando de género, a la cumbia esta vez, Emanuel no canta como el típico vocalista de cumbia. Tiene un registro que roza el soul y el rock. Su voz es rasgada, potente y cargada de una angustia real. Cuando hace covers de canciones de rock internacional (como las de Queen o Air Supply) en versión cumbia, te das cuenta de que su talento técnico está muy por encima de la media del género.