yo, fácilmente podría ser angel o demonio por igual, entre el vapor danzante de dos tazas de porcelana fina, bajo la luz ambarina de una parís bohemia que parece pintada por el pincel de *good omens*, el demonio de ojos de azufre desliza la bebida oscura frente a las alas resplandecientes de su eterno opuesto, mientras el aroma a grano tostado sella una tregua sagrada en la mesa de madera vieja, porque esto no entiende de cielos ni de infiernos cuando el café quema los labios con la misma urgencia que un deseo prohibido, permitiendo que la oscuridad se rinda ante la luz en el rincón más tierno de una cafetería olvidada por el tiempo, donde cada sorbo es un verso y cada mirada es un pecado que el universo decide perdonar por pura belleza!...
